viernes, 26 de septiembre de 2014

Caminando por la Vida (Titicachi)


Estoy buscando y no sé por qué. Busco porque creo que debo hacerlo. Busco porque he leído que “buscar es bueno”. Y mientras tanto, no entiendo la auténtica magia.
Un momento: me gustaría hablarte de esa magia.
Es algo innato, algo esencial, este deseo de satisfacción. Estoy usando la palabra “satisfacción” y puede que sea del todo inadecuada, pero no importa. Porque ¿sabes?, se trata de un sentimiento, es un sentimiento.

Desde que existe el lenguaje, y desde que el hombre aprendió a escribir, ha intentado describir este sentimiento.

Lo llamó “paz” y esa palabra no era suficiente. El hombre lo sabía.
Tranquilidad… y no era suficiente. Serenidad… y no era suficiente. Amor… y no era suficiente. Alegría… y no era suficiente.

El poder de esta sed fundamental, de este anhelo fundamental… Ese poder, tienes que comprenderlo. Y no sólo tienes que entenderlo, sino que tienes que rendirte a él. Porque no puedes luchar contra él. Deja que te conquiste. Déjale acercarse a ti. Y deja que te absorba. Porque sería dejarse absorber por la paz, dejarse absorber… ¿cómo? Igual que una gota de agua que llega al océano.

La gota abandona la nube y es una gota, es una gota, es una gota, es una gota, es una gota…
Y en el momento en que llega al océano, entonces es el océano: deja de ser una gota.
¿Te das cuenta de cómo funciona? ¿No te parece fascinante? Una gotita, una gotita diminuta, cayendo a través de miles de metros: una gota, una gota, una gota, una gota, una gota. Tiene su propia entidad, tiene su identidad, es una gota. Existe, es un “ente”, y es diminuta.

Sigue cayendo y cayendo y cayendo… Y no tiene elección. Si el viento sopla, se desplaza. Si el viento sopla desde abajo, hace que se eleve un poco; frena su caída. Y luego continúa. Si el viento sopla por la derecha, se desplaza; si el viento sopla por la izquierda, se desplaza.

Es esclava de todos los elementos que quieran actuar sobre ella. Sigue cayendo, cayendo, cayendo, y entonces… ¡bum!, llega ese instante mágico. No sé si lo habrás visto, pero cuando llueve sobre el océano, cada gota produce una pequeña onda. Y luego se desvanece. Desapareció. Su última señal es una pequeña onda, nada grande. Y es absorbida..

No sé tú, pero eso es lo que yo quiero: dejarme absorber por esa alegría. Así, ahora somos inseparables. Ahora, viento, adelante, haz tu trabajo. Intenta moverme. Ahora no soy vulnerable, porque me he aliado con la solidez del océano -que, a propósito, es líquido-.

Pero ahora, ¿sigo siendo móvil? Desde luego.Voy a ir a sitios extraordinarios que una gota no podría ni siquiera imaginar.

Fotografía: Stif Williams Pizarro Estrada
Lugar y Fecha: Titicachi - Copacabana - La Paz, 26 de marzo de 2014.
Texto: http://isabelquiroz.wordpress.com/poemas-viajeros/

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